
El Museo Pallarols, un
espacio de trabajo artesanal lleno de herramientas y objetos antiguos, es el
escenario ideal para una propuesta en la que el espectador oficia de espía
asomado dentro del taller.
La obra de Discépolo trae a
una familia de inmigrantes que se dedican a la orfebrería. Y en ese espacio de
trabajo donde se pasan horas engarzando piedras preciosas, trascurre la acción.
Inicia el relato en medio de
una situación tensa que inmediatamente se explicita. El amor no correspondido
de un hombre es el centro donde gravita el vértigo. Esa sensación ilusoria de
movimiento de los objetos que nos rodean, o de nuestro propio cuerpo. El
vértigo como la mala fiebre del deseo que empuja tras algo aunque cause el
propio mal.
Porque si el orfebre no
puede engarzar y algo falla, no se debe a una deficiencia de su cuerpo, pues “las
manos no tienen la culpa, es la cabeza o el corazón”.
Irrumpe desde el principio el
tema del amor/desamor. Esa ‘mala fiebre’, que lleva a los hombres a cometer los
peores delitos. Y pese a que “un hombre que ama es un hombre fuerte”, también
es un hombre que cede y se sacrifica por una mujer.
Aquí se plantea desde el
texto que el hombre actúa para la mujer, baja a las minas a buscar piedras
preciosas para que ella las luzca, a costa de arriesgar su vida. Trabaja para
ellas. Y a la vez, se pone en cuestión a aquella parte del género femenino que
enloquece por lo material. Las mujeres que gustan tanto de las joyas son
fatales. Arruinan a los hombres que enloquecen de amor.
Entonces la obra pone en
tela de juicio a las ambiciones materialistas (“las piedras traen desgracias”)
y rescata de un modo romántico las profundidades de lo que dicta el corazón,
que es lo que uno verdaderamente debe atender. “Hacer siempre lo que te dicte
tu corazón”, expresa el texto en voz de uno de los intérpretes.
El amor está planteado como
algo sencillo y difícil a la vez. Atraviesa la obra como una flecha que trae
aparejada la fatalidad. La tragedia se ve venir como algo indefectible.
En ese espacio íntimo, el
espectador permanece expectante como si fuera una herramienta más del taller.
Rodeado de objetos antiguos, piezas de orfebre, el público es tallado por las
escenas que se suceden a un ritmo vertiginoso como el título.
El vértigo del amor, de la
pasión, del riesgo, del dinero, del devenir.
Con el vértigo de la vida,
concluye esta pieza engarzada en la memoria como una bella propuesta teatral.
Qué: El vértigo
Quién: Autoría: Armando
Discépolo.- Actuación: Marcelo Aruzzi,
Natalia Besuzzo, Matias Broglia, Roberto Cappella, Marcos Horrisberger, Martín
López Pozzo, Alicia Naya, Yesica Wejcman.- Vestuario: Cecilia Zuvialde.- Diseño
de luces: Miguel Solowej.- Música: Santiago Barceló.- Fotografía: Leopoldo
Minotti.- Diseño gráfico: Roberto Cappella.- Asesoramiento escenográfico:
Cecilia Zuvialde.- Asistencia de dirección: Juan Sebastian Echave.- Dirección:
Matías Leites, Leopoldo Minotti.- Duración: 70 minutos.- Web: http://www.elvertigo.com.ar
Dónde: MUSEO PALLAROLS
Defensa 1094 Reservas: 15-6725-1000
Cuándo: Viernes - 21:00 hs
No hay comentarios:
Publicar un comentario